Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos En fin; aunque Dirk Peters no estuviera a bordo, la Halbrane sabrÃa conseguir su objeto. Pero que no se olvide de poner en práctica las tres virtudes teologales del marino: vigilancia, audacia, perseverancia. Heme aquÃ, pues, metido en una aventura que, según todas las probabilidades, pasará en lo imprevisto a mis anteriores viajes.
¿Quién pensara esto en mÃ? Pero yo estaba preso en un engranaje que me arrastraba a lo desconocido, a ese desconocido de las comarcas polares, cuyos secretos habÃan querido descubrir tantos audaces aventureros. ¡Quién sabe si está vez la esfinge de las regiones antárticas no hablarÃa por vez primera a los humanos!