Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -¿Será la Halbrane?-exclamé, arrojando vivamente las mantas.
-Dentro de algunas horas lo sabremos, señor Jeorling. De todos modos, es el primer barco que viene en el año, y me parece justo que se le haga buena acogida.
VestÃme en un instante y me reunà con Fenimore Atkins en el muelle, en el sitio en que el horizonte aparecÃa ante los ojos en ángulo muy abierto, entre los dos extremos de la bahÃa de Christmas-Harbour.
El tiempo estaba bastante claro, sin brumas; la mar tranquila, bajo ligera brisa. Por otra parte, y gracias a los vientos regulares, el cielo se muestra más luminoso en este lado de las Kerguelen que en el opuesto.
Unos veinte habitantes-pescadores la mayor parte,rodeaban a Atkins, el cual era, sin oposición, el personaje más considerable y considerado del archipiélago, y, en consecuencia, el más escuchado.
El viento favorecÃa entonces la entrada en la bahÃa. Pero como la marea estaba baja, el navÃo señalado, un schooner, evolucionaba sin apresuramiento, las velas bajas, esperando la marea plena.
DiscutÃan los del grupo, y yo, muy impaciente, seguÃa la discusión sin mezclarme en ella. Las opiniones eran distintas y defendidas con igual terquedad.