Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Debo reconocer que el capitán Len Guy unÃa, a mucho atrevimiento, mucha prudencia. Jamás pasaba junto a un témpano si la distancia no le aseguraba el buen resultado de la maniobra. Familiarizado con la navegación, no temÃa aventurarse por entre aquellas flotillas de drifts y de packs. Un dÃa me dijo:
-Señor Jeorling. No es ésta la primera vez que he intentado penetrar en la mar polar sin conseguirlo. Y si yo lo intentaba cuando no tenÃa más que simples presunciones sobre la suerte de la Jane, ¿qué no haré hoy que esas presunciones se han convertido en certeza?
-Lo comprendo, capitán, y en mi opinión la experiencia que tiene usted de la navegación por estos parajes debe aumentar las probabilidades del buen éxito.
-¡Sin duda, señor Jeorling! No obstante... lo que hay más allá del banco aun es desconocido para mÃ, como para tantos otros navegantes.
-¿Desconocido? No en absoluto, capitán, puesto que poseemos los informes muy serios de Weddell..., y los de Arthur Pym.
-SÃ... Lo sé... Hablan de la mar libre...
-¿Es que no cree usted en ella?