Esfinge de los hielos

Esfinge de los hielos

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El animal era un oso de la especie ártica: medía quince pies de largo, la piel era dura y de perfecta blancura, y el hocico redondo como el de un boudelogue. Varios balazos que le tiraron no lograron derribarle. Después de arrojarse a la mar, la monstruosa bestia salió hacia la embarcación y, apoyándose en ella, la hubiera hecho naufragar si Dirk Peters, lanzándose contra él, no le hubiera hundido el cuchillo en la médula espinal. El oso arrastró al mestizo, y fue necesario arrojar a éste una cuerda para subirle a bordo. Conducido al puente de la Jane, el oso, excepción de su talla, no presentaba nada anormal que pudiera permitir que se lo colocara entre los extraños cuadrúpedos señalados por Arthur Pym en las regiones australes.

Dicho esto, volvamos a la Halbrane. La brisa del Norte, que nos había abandonado, no volvió a soplar, y únicamente la corriente arrastraba la goleta hacia el Sur. De aquí un retraso que nuestra impaciencia encontraba insoportable.

En fin, el 21 la observación dio 82º 50’ de latitud, y 42º 20’ de longitud Oeste.

El islote Bennet-si existía-no podía estar ya muy lejos. Sí. Este islote existía, y en el sitio indicado por Arthur Pym.

Efectivamente: a las seis de la tarde el grito de uno de los vigías anunció tierra a babor.


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