Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos El suelo que pisábamos era extremadamente árido. Impropio para todo cultivo, no podÃa suministrar recurso alguno, ni aun a salvajes.
¿Cómo vivir allà donde no se produce más planta que una especie de higuera de Indias espinosa, con la que no se hubieran satisfecho ni los más rústicos rumiantes? Si después de la catástrofe de la Jane, William Guy y sus compañeros no habÃan tenido más refugio que este islote, el hambre les habrÃa matado desde largo tiempo antes.
Desde el montÃculo colocado en el centro del islote, nuestras miradas pudieron abarcar a éste en toda su extensión. Nada... Nada por ninguna parte. Pero tal vez se conservaban huellas del pie humano, restos de hogares o cenizas, ruinas de casas..., en fin, pruebas materiales de que algunos de los tripulantes de la Jane habÃan estado allÃ... Y deseosos de comprobarlo, resolvimos seguir el perÃmetro del litoral desde el fondo de la bahÃa en que la nave habÃa acostado.
Al bajar del montÃculo, Hunt se puso al frente, como si estuviera convenido que él nos guiara. Lo seguimos. Se dirigió a la extremidad meridional del islote. Llegado a la punta, Hunt paseó su mirada en torno, se bajó, y con la mano mostró, en medio de las piedras esparcidas, una pieza de madera medio podrida.