Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Cuando nuestras miradas se extendÃan, no distinguÃamos más que la inmensidad desierta. Al Norte, la Halbrane mostraba su arboladura balanceada por una ligera brisa. Al Sur ninguna señal de tierra, y en todo caso no la de la isla Tsalal, que hubiéramos podido advertir en aquella dirección, puesto que su yacimiento la colocaba a los 1º 30’ de arco en el Sur, o sea 30 millas marinas.
Lo que restaba por hacer después de haber recorrido el islote, serÃa volver a bordo y aparejar sin dilaciones con rumbo a la isla Tsalal.
Remontábamos entonces las playas del Este. Hunt, que iba unos diez pasos adelante, detúvose bruscamente y nos llamó con ademán precipitado.
En un instante estuvimos a su lado. Si Hunt no demostró sorpresa alguna con motivo de la pieza de madera de que he hablado, su actitud cambió al arrodillarse ante un pedazo de tabla carcomida, abandonada sobra la arena.
La tocaba con sus enormes manos, la palpaba como deseoso de sentir su aspereza buscando en la superficie algunas rayas que podÃan ser muy significativas...