Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Pero, lo repito, William Guy y sus cinco marineros no podÃan encontrarse entre aquellos esqueletos, puesto que vivÃan cuando partió Patterson, hacÃa siete meses, y la catástrofe databa de algunos años.
Tres horas más tarde, y sin haber hecho ningún otro descubrimiento, estábamos a bordo de la Halbrane. El capitán se encerró en su camarote y no salió de él ni a la hora de comer.
Pensando que lo mejor era respetar su dolor, no intenté verle.
Al segundo dÃa, deseoso de volver a la isla y continuar la exploración de un litoral a otro, supliqué al lugarteniente que me hiciera conducir allÃ. Autorizado por el capitán Len Guy, que se abstuvo de venir con nosotros, Jem West consintió en otorgarme lo que le pedÃa.
Hunt, el contramaestre, MartÃn Holt, cuatro marineros y yo, entramos en el bote, sin armas, pues nada habÃa que temer.