Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -¡No..., él está allí..., allí... solo..., solo!-respondió Hunt extendiendo su mano hacia el Sur... Desde entonces el sol se ha levantado once veces en este horizonte.
Hunt quería indicar las regiones antárticas: era evidente. Pero ¿qué pretendía?
-¿Es que tú no sabes que Arthur Pym ha muerto?-dijo el capitán Len Guy.
-¡Muerto!-repitió Hunt con un gesto expresivo.-No. Escuchen: Yo conozco las cosas... Comprendan... No ha muerto.
-Vamos, Hunt-dije yo.-¿Recuerdas el último capítulo de las aventuras de Arthur Pym? ¿No refiere Edgard Poe que su fin ha sido repentino y deplorable?
Verdad es que el poeta americano no indicaba de qué manera había terminado aquella vida tan extraordinaria, e insisto en ello, esto me pareció siempre bastante sospechoso.
¿Iba, pues, a serme revelado el secreto de aquella muerte, puesto que, a creer a Hunt, Arthur Pym no había vuelto de las regiones polares?
-Explícate, Hunt-ordenó el capitán Len Guy, que participaba de mi sorpresa.-Reflexiona... Tómate el tiempo que quieras, y di con claridad lo que tengas que decir. Y mientras Hunt pasaba su mano por la frente, como para recoger lejanos recuerdos, yo hice la siguiente observación al capitán Len Guy: