Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -Hay algo singular en la intervención de este hombre, si no está loco.
Al oÃr estas palabras el contramaestre, movió la cabeza, pues, en su opinión, Hunt no gozaba de cabal sentido. Este lo comprendió, y con voz dura dijo:
-No... No estoy loco...
Los locos... allá abajo, en la Prairie... se les sujeta si no se les cree... Y a mÃ... es menester creerme... No... ¡Pym no está muerto!
-Edgard Poe lo afirma-respondÃ.
-SÃ... lo sé... Edgard Poe de Baltimore. Pero él no ha visto nunca al pobre Pym. ¡Nunca!
-¿Cómo?-exclamó el capitán Len Guy.-¿Esos dos hombres no se conocÃan?
-¡No!
-¿No ha sido el mismo Arthur Pym el que ha contado sus aventuras a Edgard Poe?
-¡No, capitán, no!-respondió Hunt.-Aquel que está allÃ, en Baltimore, no ha tenido más que las notas escritas por Pym desde el dÃa en que se oculto a bordo del Grampus, escritas hasta la última hora..., la última... ¡Comprenda usted..., Comprenda usted!