Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Indudablemente, el temor de Hunt era el no ser comprendido, y él lo repetÃa sin cesar. Por lo demás, lo que declaraba parecÃa inadmisible. ¡Según él, Arthur Pym no habÃa jamás entrado en relaciones con Edgard Poe! ¡El poeta americano solamente habÃa tenido conocimiento de las notas redactadas dÃa por dÃa durante el tiempo que duró aquel inverosÃmil viaje!
-¿Quién le ha entregado, pues, ese diario?-preguntó el capitán Len Guy, apoderándose de una mano de Hunt.
-El compañero de Pym... El que le amaba como a un hijo... El mestizo Dirk Peters, que volvió solo de allá abajo.
- ¡El mestizo Dirk Peters!... - exclamé.
-¡SÃ!
-¿Solo?...
-Solo...
-Y Arthur Pym, ¿estará?...
-¡AllÃ!... - respondió Hunt con poderosa voz, inclinándose hacia las regiones del Sur, donde su mirada permanecÃa obstinadamente fija.
¿PodÃa tal afirmación vencer la general incredulidad?