Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Jem West intervino, y adelantando hacia Hearne le dijo con voz amenazadora:
-¿Quién te ha dado permiso para hablar?
-El capitán nos preguntaba-replicó Hearne.-Yo tenía el derecho de responder.
Y estas palabras fueron pronunciadas con tal insolencia, que el lugarteniente, tan dueño de sí por costumbre, se disponía a dar libre curso a su cólera, cuando el capitán le detuvo con un gesto y dijo:
-¡Cálmate, Jem! Nada haremos a no estar todos de acuerdo.
Después, dirigiéndose al contramaestre, añadió:
-¿Qué opinas tú, Hurliguerly?
-Es muy sencillo-respondió el contramaestre.-Yo obedeceré las órdenes de usted, sean las que sean. Nuestro deber es no abandonar a William Guy y a sus compañeros mientras probabilidad de salvarles.
El contramaestre se detuvo un instante, mientras varios marineros, Drap, Rogers, Gratián, Stern y Burry, daban inequívocas muestras de aprobación.
-En lo que concierne a Arthur Pym-añadió.
-No se trata de Arthur Pym-interrumpió vivamente el capitán-, sino de mi hermano William Guy, y de sus compañeros.