Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos En pocos momentos todos estuvimos en el punto culminante del islote.
Los restos no faltaban, probablemente de los animales domésticos de que se habla en el diario de Arthur Pym; aves de distintas especies, zorros, puercos, cuya piel presentaba lanas negras...
Sin embargo-detalle importante-, entre estos restos y los de la isla Tsalal había la diferencia de que aquí el amontonamiento no databa más que de algunos meses, lo que concordaba con nuestra idea de que el terremoto se había producido en fecha reciente.
Aquí y allí verdeaban plantas de apio y de coclearias, y de florecillas aun frescas.
-¡Y que son de este año!-exclamé.¡El invierno austral no ha pasado, por ellas!
-Soy de la misma opinión, señor Jeorling-respondió
Hurliguerly.-Pero ¿no es posible que hayan brotado después de la conmoción del grupo?
-No me parece admisible-respondí, como hombre que no ceja en su idea.