Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -¿Vive? ¡SÃ, vive!-exclamó el mestizo.-Por el alma de mis padres... él está allÃ..., me espera... ¡mi pobre Pym! ¡Y cuál será su alegrÃa cuando se arroje en los brazos de su viejo Dirk!...
¡Y la mÃa, la mÃa, cuando le sienta aquÃ..., aquÃ!
Y el robusto pecho de Dirk Peters se levantaba como la mar agitada. Después se alejó, dejándome presa de inexplicable emoción; tanta ternura comprendÃa yo que encerraba aquel corazón medio salvaje por su infortunado compañero, por aquel al que llamaba su hijo. La goleta no cesó de adelantar hacia el Sur durante los dÃas 2, 3 y 4 de Enero, sin que notáramos apariencia de tierra. Siempre, en el horizonte, la lÃnea perimétrica que se dibujaba sobre el fondo del mar y del cielo. El vigÃa no señaló ni continente ni islas en aquella parte de la Antártida. ¿DebÃa ponerse en duda la aseveración de Dirk Peters respecto a las tierras entrevistas?... ¡Las ilusiones de óptica son tan frecuentes en las regiones hiperaustralianas!
-Verdad-hice notar al capitán Len Guy-que desde que abandonó la isla Tsalal, Arthur Pym no poseÃa instrumentos para tomar altura.