Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -Lo sé, señor Jeorling, y es muy posible que las tierras se encuentren en el Este o en el Oeste de nuestro itinerario. Lo más de lamentar es que Arthur Pym y Dirk Peters no hayan desembarcado en ellas. No tendríamos ninguna duda sobre su existencia, bastante problemática, y acabaríamos por descubrirlas.
-Las descubriremos, capitán, remontando algunos grados hacia el Sur.
-Sea; pero yo me pregunto, señor Jeorling, si no sería preferible explorar los parajes comprendidos entre el meridiano cuarenta y cuarenta y cinco.
-El tiempo nos está tasado-respondí vivamente-, y serían días perdidos, puesto que tenemos que tocar la latitud donde los dos fugitivos han sido separados.
-Y ¿cuál es esa latitud, señor Jeorling? En el libro no encuentro indicación de ella, y por esta razón es imposible calcularlo.
En efecto, este capítulo contenía estas líneas:
«Continuamos nuestro camino sin ningún incidente importante, por siete u ocho días, y durante este período debimos avanzar una distancia enorme; pues el viento nos empujó casi de continuo, y una fuerte corriente nos arrastró en la dirección que queríamos seguir»
El capitán Len Guy conocía este pasaje leído repetidas veces. Yo añadí: