Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -Lo temo, señor Jeorling. La satisfacción de haber ganado algunos centenares de doláres se ha debilitado mucho, y la perspectiva de ganar algunos más no impide las quejas. No obstante, la prima es apetitosa. Desde la isla Tsalal al polo, admitiendo que se pueda llegar hasta allÃ, hay seis grados, y seis grados a 2.000 doláres cada uno, hace 12.000 doláres para treinta hombres: ¡400 doláres por cabeza! ¡Linda suma!... Pero, a pesar de esto, ese maldito Hearne trabaja de tal manera a sus camaradas, que yo les veo prontos a largar la barra y la amarra, como suele decirse...
-Por parte de los reclutados lo admito, contramaestre... Pero los antiguos...
-¡Hum!... Hay tres o cuatro que empiezan a reflexionar, y ven con inquietud que la navegación se prolonga.
-Pienso que el capitán Len Guy y su lugarteniente sabrán hacerse obedecer.
-¡Veremos, señor Jeorling! Además, ¿no puede suceder que el mismo capitán se desanime..., que le arrastre el sentimiento de su responsabilidad y que renuncie a proseguir esta campaña?
SÃ... También yo lo temÃa, y para esto no habÃa remedio alguno.