Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -Gratián-gritó Jem West, llamando a uno de los marineros,-coge la barra... y tú, Hearne, al fondo de la cala... De repente se oyó el grito de «¡Tierra!», y todas las miradas se dirigieron al Sur.
XXII
Con esta palabra encabeza Edgard Poe el capítulo XVII de su libro, y me ha parecido oportuno colocarla al frente del capítulo XXII de mi relato entre una interrogación. Esta palabra, caída de lo alto del palo de mesana, ¿designaba una isla o un continente? Y continente o isla, ¿no nos esperaba allí un desengaño? ¿Estarían allí los que íbamos a buscar? Y Arthur Pym... muerto indudablemente, a pesar de la afirmación de Dirk Peters, ¿había puesto la planta en aquella tierra?
Cuando este grito resonó a bordo de la Jane el 17 de Enero de 1828, día lleno de incidentes, el diario de Arthur Pym dice que fue en la forma siguiente:
-¡Tierra por la serviola de estribor!
Tal hubiera podido ser a bordo de la Halbrane. En efecto: por el mismo lado se dibujaban ligeramente algunos contornos, por encima de la línea del cielo y del mar.