Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Estábamos de acuerdo, no obstante, para atribuir a aquella tierra una altura de 25 a 30 toesas, en su parte más elevada al menos.
¡No!... No era admisible que fuéramos juguetes de una ilusión, y, sin embargo, extraño temor atormentaba a nuestro espíritu; pero, después de todo, ¿no es natural que el corazón sea asaltado de mil dudas cuando se llega al objeto tan ansiosamente perseguido? ¡Había puestas tantas esperanzas en aquel litoral solamente entrevisto, y nacería tanta desanimación si no había allí más que un fantasma... una sombra impalpable! ¡A esta idea mi cerebro se turbaba, se alucinaba! ¡Parecía que la Halbrane se reducía a un bote perdido en aquella inmensidad... lo contrario de aquella mar infinita, de la que habla Edgard Poe, donde el navío crece... crece como cuerpo vivo!...