Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Quizás el sealing-master hubiera replicado, pues se sentÃa sostenido por la mayorÃa de la tripulación, pero MartÃn Holt se acercó vivamente a él y le hizo callar.
El capitán se descubrió entonces, y con emoción que nos llegó al alma pronunció estas palabras:
-Debemos rogar por los que han sucumbido en esta peligrosa campaña, emprendida a nombre de la humanidad. ¡Que Dios tenga en cuenta a los que se han sacrificado por sus semejantes y no permanezca insensible a nuestra súplica!
¡De rodillas, marineros de la Halbrane!. Todos se arrodillaron sobre la superficie helada, y un murmullo de rezo subió al cielo.
Esperamos a que el capitán se levantase para hacerlo también.
-Ahora-continuó-, hablemos de los vivos. Y a éstos digo que, en las circunstancias en que estamos, es preciso que obedezcan todas mis órdenes. No toleraré resistencia ni duda de ninguna clase. MÃa es la responsabilidad de la salvación común, y a nadie la cederé... Yo mando aquà como a bordo.
-¡A bordo... cuando no hay barco!-se atrevió a responder Hearne.