Esfinge de los hielos

Esfinge de los hielos

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Un instante después, desfondada, dislocada, el bordaje abierto, las cuadernas rotas, la Halbrane se hundía, haciendo saltar enorme manga de agua al pie del iceberg...

XXV

QUE HACER

¡Embrutecidos, sí! ¡Quedamos como embrutecidos, después que la goleta, arrastrada como la roca de una avalancha, desapareció en el abismo!

¡Nada restaba de nuestra Halbrane! Un momento antes, a cien pies en el aire, y ahora a quinientos en las profundidades de la mar. ¡Si!... ¡El embrutecimiento, que no nos permitía pensar en los peligros del porvenir! ¡El embrutecimiento de las mentes que no pueden dar crédito a lo que ven sus ojos!... Después, vino la postración como consecuencia natural. No hubo ni un gesto, ni un grito... Permanecimos inmóviles sobre el suelo de hielo... No hay frase alguna que pueda pintar el horror de aquella situación.

Cuando la goleta se hundió en el abismo, vi que una gruesa lágrima caía de los ojos de Jem West. ¡Hundida aquella goleta, a la que tanto amaba! ¡Sí... aquel hombre tan enérgico... lloró!


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