Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Aunque hubieran llegado al continente polar, al que mi compatriota Maury, en sus ingeniosas hipótesis, atribuye 1.000 leguas de extensión, ¿qué parte de este continente hubiéramos elegido para teatro de nuestras investigaciones? Además, si la mar baña este extremo del eje terrestre, ¿no habrían sido los sobrevivientes de la Jane devorados por los abismos que una helada costra iba a cubrir bien pronto?
Perdida, pues, toda esperanza, se impuso al capitán Len Guy el deber de llevar a su tripulación hacia el Norte, a fin de franquear el círculo antártico mientras la estación lo permitía y éramos arrastrados al Sur.
Después del primer movimiento de que he hablado, la idea de que la deriva arrastraba al ice-berg en aquella dirección hizo que el espanto recobrara su imperio. Téngase presente esto: que si no habíamos naufragado no era menos preciso resignarse a una larga invernada, renunciar a la probabilidad de encontrar uno de los balleneros que se dedican a la pesca entre las Orkneys y la Nueva Georgia y las Sandwich.