Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos - Además, hay otra cosa que a él le ha llamado la atención como a mí, y en la que no parece no ha reparado usted.
-¿De qué se trata?
-De esos bramidos que se mezclan a los gritos de los pingüinos. Preste usted atención y no tardará en oírlos... Escuché, y evidentemente la orquesta era más completa de lo que yo había supuesto.
-En efecto-dije.-Los percibo... Debe de haber focas.
-Es seguro, señor Jeorling; y deduzco de ello que esos animales, pájaros y mamíferos, muy raros desde nuestra salida de Tsalal, frecuentan estos parajes o adonde nos han arrastrado las corrientes. Me parece que esta afirmación no tiene nada de aventurada.
-Nada, capitán, como tampoco admitir la existencia de una tierra vecina... ¡Oh! ¡Qué fatalidad estar envueltos en esta impenetrable niebla que no permite ver a un cuarto de milla!
-¡Y que nos impide descender a la base del ice-berg!añadió el capitán Len Guy.-Allí, sin duda, hubiéramos podido reconocer si las aguas arrastran truchuelas, lamios, ovas, lo que nos daría un nuevo indicio... Tiene usted razón; ¡es una fatalidad!
-¿Por qué no intentarlo, capitán?