Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Solamente Hurliguerly opuso alguna resistencia. Le parecía imprudente dejar lo cierto por lo dudoso. ¿Serían bastantes tres o cuatro semanas para franquear la distancia comprendida entre Halbrane-Land y el círculo antártico? ¿Y cómo, en caso de necesidad, volver contra la corriente que llevaba al Norte? En fin, el contramaestre hizo valer algunos argumentos que merecieron ser examinados. Sin embargo, únicamente Endicott participó de su opinión, por costumbre, sin duda, de considerar las cosas desde el mismo punto de vista que el contramaestre. Además, discutido, y bien discutido todo, Hurliguerly se declaró presto a partir, puesto que ésta era nuestra opinión.
Los preparativos quedaron terminados en seguida, y el 21, a las siete de la mañana, merced a la doble acción de la corriente y del viento, dejábamos atrás, a distancia de cinco millas, la punta de Halbrane-Land. Durante la tarde se borraron gradualmente las alturas que dominaban aquella parte del litoral, la más elevada de las cuales nos había permitido ver la tierra en la ribera Oeste del Jane-Sund. Nuestra canoa era una de esas embarcaciones que se usan en el Archipiélago de las Tsalal para la comunicación entre las islas.