Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos ¡Cómo nosotros, después de haber franqueado el polo austral, había caído en la zona de atracción del monstruo! Y allí, mientras su embarcación se alejaba con la corriente del Norte, apresado por el fluido magnético antes de haber podido desembarazarse del arma que llevaba en banderola, había sido arrojado contra el macizo.
Al presente, el fiel mestizo reposa en la Tierra de la esfinge junto a Arthur Gordón Pym, el héroe cuyas extrañas aventuras encontraron en el gran poeta americano un no menos extraño narrador.
XXXII
Aquel mismo día, por la tarde, la Paracuta abandonaba el litoral de la Tierra dla esfinge, que habíamos tenido siempre al Oeste desde el 21 de Febrero.
Hasta el límite del círculo antártico teníamos que recorrer unas 400 millas. Llegados a aquellos parajes del Océano Pacífico, ¿tendríamos, lo repito, la feliz probabilidad de ser recogidos por un ballenero retrasado en los últimos días de la estación de pesca, o por algún navío de una expedición polar?