Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Inmediatamente hicimos señales, que fueron vistas. Después de ponerse al paso el navío, echó su bote mayor a la mar para recogernos.
Era el Tasman, un tres-mástiles americano de Charleston, en el que fuimos cordialmente recibidos. El capitán trató a mis compañeros como si fueran compatriotas suyos. El Tasman venía de las islas Falkland, donde había sabido que siete meses antes la goleta inglesa Halbrane se había dirigido hacia los mares australes en busca de los náufragos de la Jane. Pero como la estación avanzaba y la goleta no aparecía, se pensó que se había perdido en las regiones antárticas. Aquella última travesía fue rápida y feliz. Quince días después el Tasman desembarcaba en Melbourne, provincia de Victoria, de Nueva Holanda, a los tripulantes de las dos goletas que habían sobrevivido, y allí fueron pagadas a nuestros hombres las primas ofrecidas, y bien ganadas realmente.