Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Y en este momento-lo que me evitó responder, pues él no me hubiese oído, el capitán Len Guy, sollozando, volvióse en dirección Sur, como si procurase agujerear con la mirada lejanos horizontes.
En resumen: yo me preguntaba en qué circunstancia de su vida el capitán Len Guy había caído en tal perturbación mental. ¿Era un sentimiento de humanidad, llevado hasta la locura, el que le impulsaba a interesarse por unos náufragos que nunca habían naufragado, por la sencilla razón de que nunca habían existido?
El capitán Len Guy se acercó a mí, colocó una de sus manos sobre mi hombro y murmuró a mi oído:
-¡No, señor Jeorling, no! ¡En lo que se refiera a la tripulación de la Jane, aun no se ha dicho la última palabra!. Y se retiró.
La Jane era, en la novela de Edgard Poe, el nombre de la goleta que había recogido a Arthur Pym y a Dirk Peters sobre los restos del Grampus, y por primera vez el capitán Len Guy acababa de pronunciarla al final de nuestra conversación.