Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Arthur Pym consigue arrastrarse al través de la cala; pero pierde la cabeza y cae contra un baúl, mientras el cuchillo se le escapa de la mano.
En el momento en que iba tal vez a exhalar el último suspiro, oyó pronunciar su nombre. Una botella de agua que acercan a su boca se vacía en sus labios. Vuelve a la vida después de haber bebido de un trago la exquisita bebida con voluptuosidad.
Algunos instantes después, en un rincón de la cala, a la claridad de una linterna sorda, Augusto Barnard refería a su camarada lo sucedido a bordo desde la partida del brick. Repito que hasta aquí la historia es completamente admisible; pero aun no hemos llegado a los sucesos que, a puro de extraordinarios, tocan en lo inverosímil. La tripulación del Grampus se componía de treinta y seis hombres, incluidos los Barnard, padre e hijo. Desde que el brick se hizo a la mar, el 20 de Junio, Augusto Barnard intentó varias veces reunirse con su compañero Pym en el escondrijo de éste, pero fue en vano.