Familia sin nombre
Familia sin nombre Y jamás las circunstancias se habían mostrado más favorables para una revolución. Los reformistas, faltos de paciencia ya, dejaban oír violentas protestas y denunciaban las exacciones del Gobierno, que se decía autorizado por el Gabinete británico para disponer de los fondos públicos sin la aprobación de la Cámara. Los periódicos, entre otros El Canadiense, fundado en 1806, y El Vindicator, de creación más reciente, disparaban bala rasa, permítase la frase, contra la Corona y sus agentes. Publicaban los discursos pronunciados en el Parlamento o en los comicios populares por los Papineau, los Viger, los Quesnel, los Saint Real, los Bourdages y tantos otros que rivalizaban en talento y audacia en sus patrióticas acusaciones. Así las cosas, bastaría una chispa para provocar una explosión popular; esto lo sabía muy bien lord Gosford, y los partidarios de la reforma no lo ignoraban tampoco.
En la mañana del día 3 de Septiembre el cartero llevó a la villa Montcalm una carta depositada la víspera en el correo de Montreal, por medio de la que se avisaba al señor de Vaudreuil que sus amigos Vicente Hodge, Andrés Farran y William Clerc habían sido invitados a reunirse con él en la tarde del presente día. El señor de Vaudreuil no conocía la letra, y la firma sólo decía: Un hijo de la Libertad.