Familia sin nombre
Familia sin nombre El señor de Vaudreuil fue el primero que tomó la palabra.
—¡Otra prima ofrecida a los traidores! —dijo—; mas espero que, para el buen nombre de las provincias canadienses, será en vano esta vez.
—¡Bastante es, y demasiado también, que se haya podido encontrar un Simón Morgaz! —exclamó Vicente Hodge.
—¡Que Dios proteja a Juan Sin Nombre! —dijo, Clary con voz profundamente conmovida.
Hubo algunos instantes de silencio.
—Entremos, y vámonos a descansar, —dijo el señor de Vaudreuil—. Voy a conduciros a vuestra habitación, —añadió dirigiéndose al joven patriota.
—Mil gracias os doy, señor de Vaudreuil, pero me es de todo punto imposible quedarme por más tiempo en esta morada…
—¿Y por qué?
—Cuando, apenas hace una hora, acepté la hospitalidad que me ofrecisteis, no me encontraba en la situación en que me coloca la proclama que acabamos de oÃr.
—Explicaos con más claridad, caballero.
—Mi presencia aquà no servirÃa más que para comprometeros, puesto que el Gobernador general acaba de poner precio a mi cabeza. ¡Soy, Juan Sin Nombre!