Familia sin nombre
Familia sin nombre Nadie en la finca, excepción hecha de sus dueños, había sabido que fuese Juan Sin Nombre el que había estado cuarenta y ocho horas hospedado en la villa Montcalm; y además, el jefe de la casa Rip y Compañía, lanzado sobre falsas huellas, no había podido descubrir su retiro. Juan, por lo tanto, pudo sin peligro abandonar en secreto la villa, atravesar el San Lorenzo en la barca de paso al extremo de la isla Jesús y llegar al interior del territorio por la frontera americana, con el fin de atravesarla, si necesario fuese para su seguridad. Como en medio de las parroquias del río alto era donde se hacían las pesquisas, y con razón, puesto que Juan acababa de recorrerlas, alcanzó, sin que nadie le conociera ni lo persiguiera, el río San Juan, cuyo curso sirve en parte de límite a Nueva Brunswick; allí, en el puertecito de Santa Ana, le esperaban los atrevidos compañeros asociados a su obra, y en los que podía confiar sin reserva alguna.
Éstos eran cinco hermanos: los mayores gemelos, Pedro y Remigio, de treinta y dos años de edad, y los tres restantes, Miguel, Tony y Santiago, de veintinueve, veintiocho y veintisiete respectivamente, cinco de los numerosos hijos de Tomás Harcher y de su mujer Catalina, domiciliados en el condado de Laprairie y arrendatarios del cortijo de Chipogán.