Familia sin nombre
Familia sin nombre Aquel día era el 27 de Septiembre; era el aniversario del inolvidable en que Walter Hodge y sus compañeros Francisco Clerc y Roberto Farran habían muerto en el cadalso. Sobrecogido de horror, Juan quiso huir. Pero no pudo moverse; parecía que sus pies habían echado raíces en el suelo. Allí veía a su padre, injuriado, golpeado, manchado por el lodo que le tiraba aquella turba presa del delirio del odio, y le parecía que todo aquel oprobio recaía sobre él, Juan Morgaz.
En aquel momento el abate Joann apareció, y la gente se apartó para dejarle paso.
Él también había comprendido el sentido de esa manifestación popular, y en aquel instante conoció a su hermano, cuya cara lívida le apareció entre el reflejo de las llamas, mientras cien voces gritaban la odiosa fecha del 27 de Septiembre, y el nombre aborrecido de Simón Morgaz.
El abate Joann no fue dueño de sí; extendió el brazo, y se lanzó hacia la hoguera en el momento en que iban a echar en ella el maniquí.
—¡En nombre del Dios de misericordia, —exclamó—, tened piedad de la memoria de aquel desgraciado! ¡Dios perdona todos los crímenes!
—¡No tiene perdón para los qué hacen traición a su patria y a los que combaten por ella! —respondió uno de aquellos energúmenos.