Familia sin nombre
Familia sin nombre —¡No, madre mÃa! —exclamó Juan—. Después de la victoria de San Dionisio, la insurrección se hubiera extendido por todo el valle de San Lorenzo; pero la derrota de San Carlos me obliga a empezar una nueva campaña, y la empezaré. Los reformistas no están vencidos todavÃa, y hasta deben haberse organizado de nuevo para resistir a las columnas de sir John Colborne. Mucho he tardado en reunirme con ellos… esta misma noche partiré.
—¿Adónde iréis, Juan? —preguntó el señor de Vaudreuil.
—En primer lugar, a San Dionisio. Allà espero encontrar a los principales jefes con quienes habÃamos rechazado con tanta felicidad a los soldados de Gore…
Miguel y Santiago, heridos, tuvieron que abandonar el campo.
—¡Parte, pues, Juan no te detengas! —dijo Bridget—, fijando en su hijo una penetrante mirada. ¡SÃ, parte; tu sitio no está aquÃ…! ¡Está allá; en las primeras filas…!
—¡SÃ, partid Juan! —repuso Clary—. Es preciso que aparezcáis de nuevo a la cabeza de vuestros parciales… Que los realistas sepan que Juan Sin Nombre no ha muerto…
La joven no pudo acabar la frase.
El señor de Vaudreuil, medio incorporado, tomó la mano del joven patriota, diciéndole él también: