Familia sin nombre
Familia sin nombre Importaba, por consiguiente, establecer, si no la identidad, por lo menos el origen de aquel ser, cuyo verdadero nombre nadie conocía, y que debía tener gran interés en ocultar. El consejo de guerra dio una tregua antes de proceder al juicio, y Juan fue interrogado varias veces respecto a su familia; pero ni siquiera se dignó responder a las preguntas que se le hicieron. Preciso fue renunciar a ello, y el 10 de Diciembre el proscrito se presentó ante sus jueces.
Aquel proceso no daba lugar a discusiones, pues Juan confesaba haber tomado parte en las primeras como en las últimas rebeliones; reclamó los derechos del Canadá, hollados, por Inglaterra, y lo hizo con brío y fiereza en presencia de los opresores. Habló como si sus palabras hubiesen podido ser oídas por el país entero.
Y cuando el mayor Sinclair le preguntó por última vez respecto a su verdadero nombre y a su familia, respondió:
—Soy Juan Sin Nombre, de origen franco-canadiense, y esto debe bastaros. ¡Poco importa el apellido del hombre que dentro de poco caerá bajo el plomo de vuestros soldados! ¿Necesitáis acaso un nombre para un cadáver?