Familia sin nombre
Familia sin nombre Simón Morgaz procuró defenderse de los cargos que pesaban contra él; pero lo que dijo era tan inverosímil, dio explicaciones tan singulares, que la opinión de los conjurados, así como la de los jueces, se dejó traslucir bien pronto.
Un miserable había vendido a sus hermanos, y el traidor era Simón Morgaz.
Entonces un irresistible movimiento de repulsión se produjo en el banco de los acusados, y se propagó entre el público amontonado en la sala del Tribunal.
—Señor presidente, —dijo Walter Hodge—; pedimos que Simón Morgaz sea expulsado de este banco, honrado con nuestra presencia, deshonrado por la suya… ¡No queremos ser manchados más tiempo con el contacto de ese hombre!
Vaudreuil, Clerc, Farran, todos, en fin, se unieron a Walter Hodge, que ya, fuera de sí, se precipitó sobre Simón Morgaz, quien lo hubiera pasado muy mal, sin la intervención de los guardias que acudieron para defenderle.