Familia sin nombre
Familia sin nombre En casa del señor de Vaudreuil se reunían todos los días sus amigos; pero ninguno de ellos hacía nunca alusión a lo que había pasado. Vicente Hodge, por una discreción dignísima y que la hacía mucho honor, conservaba una extremada reserva, no queriendo dejar aparecer nada que pudiera considerarse como una censura de los sentimientos manifestados por Clary. ¿No había tenido acaso razón aquella valerosa y noble joven, se decía, al protestar contra las odiosas preocupaciones que extienden hasta los inocentes la responsabilidad de los culpables, y que quieren que una herencia de infamia se transmita de padres a hijos, como se transfieren los bienes materiales? La maldad es peculiar del individuó que la siente y practica, sin que ésta ni sus responsabilidades sean a la fuerza transmisibles.
Y Hodge pensaba bien.
Poro volvamos a Juan. Tristísima era la situación de tan heroico joven.
Solo ya en el mundo, sentía rebelarse todo su ser. Joann sacrificado por su país, Bridget muerta por los ultrajes que le habían prodigado… ¿No son bastantes sufrimientos, se preguntaba, para compensar el pasado y lavar aquella mancha que todos denunciaban en su frente? ¡Pues bien, no! Y cuando el pobre proscrito exclamaba: «¡Es injusto!» parecía que la voz de su conciencia respondíale sin demora: «¡Tal vez sea justicia!».