Keraban el testarudo

Keraban el testarudo

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A pesar suyo, Yarhud había experimentado alguna tardanza antes de haber podido anclar al lado de la posesión del banquero Selim. Sin perder una hora, después de la conversación con Scarpante, intendente de Saffar, había marchado de Constantinopla a Odesa por los ferrocarriles de Bulgaria y Rumania. Yarhud se adelantaba así muchos días a la llegada de Kerabán, que, en su lentitud de antiguo turco, no marchaba más que de quince a dieciséis leguas cada veinticuatro horas; pero en Odesa encontró un temporal tan violento, que no se atrevió a sacar el Güidar del puerto, y tuvo que aguardar a que el viento del Nordeste hubiese curtido un poco la tierra de Europa. Hasta aquella mañana, su embarcación no pudo anclar a la vista de la posesión de Selim. Así, pues, esta tardanza, que no le daba más que algunos días de adelanto sobre Kerabán, podía serle muy perjudicial a sus proyectos.

Yarhud debía obrar sin perder un día. Su plan estaba trazado; la astucia primeramente, y si quedaba frustrado por la astucia, por la fuerza; pero era necesario que el Güidar dejase aquella misma tarde la rada de Odesa, con Amasia a bordo. Antes que se diese la señal de alarma y que pudiesen perseguirla, la embarcación estaría fuera de alcance, merced a las brisas del Noroeste.



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