Keraban el testarudo
Keraban el testarudo EN EL CUAL AHMET TOMA UNA ENÉRGICA RESOLUCIÓN, APOYADA POR LAS CIRCUNSTANCIAS
Buenos dĂas, amigo Selim, buenos dĂas! ¡QuĂ© Alá te proteja a ti y a toda tu casa!
Dicho esto, Kerabán apretó fuertemente la mano de su corresponsal en Odesa.
—¡Buenos dĂas, sobrino Ahmet!
Y Kerabán oprimió contra su pecho, en un vigoroso abrazo, a su sobrino Ahmet.
—¡Buenos dĂas, mi pequeña Amasia!
Y Kerabán besó en las dos mejillas a la joven que iba a ser su sobrina.
Todo esto fue ejecutado con tal rapidez, que nadie tuvo tiempo de responderle.
—¡Y ahora, hasta la vista, y en marcha! —añadió Kerabán volviéndose hacia Van Mitten.
El flemático holandĂ©s, que no habĂa sido presentado, parecĂa, con su impasible figura, un extraño personaje, evocado en la escena capital de un drama.
Al ver a Kerabán distribuir con tanta prodigalidad abrazos y besos, nadie de los presentes dudaba que venĂa para efectuar el matrimonio; pero cuando oyeron exclamar: «¡en marcha!» quedaron sumidos en la más profunda perplejidad.
Ahmet fue el primero que intervino, diciendo:
—¡Como, en marcha!
—¡SĂ; en marcha, sobrino mĂo!
