Keraban el testarudo

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CAPÍTULO XI

EN EL QUE SE MEZCLAN UN POCO DE DRAMA Y UN POCO DE FANTASÍA

Habían partido! Habían dejado la posesión, Kerabán para continuar el viaje, Van Mitten para acompañar a su amigo, Ahmet para seguir a su tío, y Nizib y Bruno porque no podían hacer otra cosa. La mansión estaba desierta, a no ser cinco o seis servidores que se ocupaban en arreglarla. Hasta el banquero Selim acababa de ir a Odesa, con el fin de entregar a los viajeros los rublos a cambio de las piastras otomanas.

En la casa sólo había entonces dos jóvenes, Amasia y Nedjeb.

El capitán maltés lo sabía. Había contemplado todas las peripecias de aquella escena de despedida. ¿Aplazaría Kerabán el matrimonio hasta su vuelta? Lo había aplazado: primera buena señal para sus proyectos. ¿Consentiría Ahmet en acompañar a su tío? Había consentido: segunda buena señal para Yarhud.

Pues bien, el maltés tenía un plan: Amasia y Nedjeb estaban solas en la finca o, por lo menos, en la galería que se extendía hasta el mar. La embarcación estaba a medio cable… El bote le aguardaba en las gradas… Sus marineros estaban prontos a obedecerle a la primera señal… No faltaba más que obrar.


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