Keraban el testarudo
Keraban el testarudo EN EL QUE VAN MITTEN CUENTA UNA HISTORIA DE TULIPANES QUE TAL VEZ INTERESE AL LECTOR
El carruaje, arrastrado por caballos de refresco, había abandonado Odesa hacia la una de la tarde. Kerabán ocupaba el lado izquierdo del cupé, Van Mitten el derecho y Ahmet el centro. Bruno y Nizib se habían subido al cabriolé, donde pasaban el tiempo durmiendo, ya que su conversación se reducía a alguna que otra palabra.
Un sol bastante vivo alegraba la campiña, y las aguas del mar se destacaban en azul oscuro sobre las parduscas rocas del litoral.
Los viajeros del cupé no tardaron en estar tan silenciosos como los del cabriolé, pues si estos últimos empleaban su tiempo en dormitar, los primeros se habían entregado por completo a la reflexión.
Kerabán se abstraía por completo en sus sueños de testarudo, y no pensaba más que en las caras que pondrían a su vuelta las autoridades otomanas.
Van Mitten pensaba en aquel imprevisto viaje, y no dejaba de preguntarse por qué él, ciudadano de las provincias bátavas, se había lanzado a los caminos del litoral del mar Negro, cuando podía estar tranquilamente en el barrio de Pera, en Constantinopla.
