Keraban el testarudo

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CAPÍTULO XV

EN EL QUE KERABÁN, AHMET, VAN MITTEN Y SUS CRIADOS HACEN EL PAPEL DE SALAMANDRAS

Traman no es más que una pequeña villa de un aspecto bastante triste, con casas poco confortables; sus chozas aparecen descoloridas por la acción del tiempo; su iglesia es de madera, cuyo campanario está constantemente rodeado de halcones.

El carruaje cruzó, sin detenerse, la población de Taman. Van Mitten no pudo visitar ni el puerto militar, que es muy importante, ni la fortaleza de Fanagoria, ni las ruinas de Montarakán.

Si Kerch es griego por su población y sus costumbres, Taman, por el contrario, es cosaca. De ahí un contraste que el holandés no pudo observar más que al pasar.

El carruaje, tomando invariablemente por el camino más corto, siguió durante una hora el litoral Sur de la bahía de Taman. Esto fue suficiente para que los viajeros pudieran reconocer que era un país extraordinario de caza, tal como no se encuentra otro en el globo.

En efecto, pelícanos, cormoranes y otros, sin contar las bandadas de avutardas, se posan en aquellos pantanos en cantidades verdaderamente increíbles.

—¡No he visto jamás tantas aves acuáticas! —dijo, con razón, Van Mitten—. Podría descargarse un fusil al azar sobre esos pantanos y no se perdería un solo perdigón.


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