Keraban el testarudo
Keraban el testarudo Nueva decepción, pues, para Van Mitten. Acababan de tocar las cinco de la tarde y los viajeros contaban con volverse a poner en camino al día siguiente, 13 de setiembre, por la mañana. Por lo tanto, no pudo Van Mitten ver otra cosa en Poti, sino el jardín público, en el que se levantan las ruinas de una antigua fortaleza, y las casas de la población construidas sobre estacas. Cuenta Poti dentro de su recinto con unos seis a siete mil habitantes; sus calles son anchas, y en cada una de ellas existe un foso, del cual se escapa un incesante concierto de ranas; respecto al puerto, dominado por un faro de primer orden, se halla de ordinario bastante frecuentado.
Tan, sólo pudo consolarse Van Mitten de su corta permanencia en dicha población, reflexionando que, hallándose esta última situada en medio de los pantanos del Rioni y del Capacha, no podía hacer otra cosa mejor que huir de ella para no coger alguna fiebre palúdica (lo que, en efecto, es muy de temer en los alrededores malsanos de aquel litoral).