Keraban el testarudo
Keraban el testarudo QUE CONCLUYE DE UNA MANERA INESPERADA, SOBRE TODO PARA EL AMIGO VAN MITTEN
Mientras se efectuaba aquella prueba. Kerabán habĂa llamado aparte a su amigo Van Mitten y a su sobrino Ahmet. He aquĂ el final del diálogo que cambiaba entre ellos (diálogo en el que el incorregible Kerabán, olvidando su propĂłsito de no obstinarse más, iba a exponer otra vez su manera de ver y hacer).
—¡Eh, amigos —dijo—, ese brujo me parece sencillamente un gran imbécil!
—¿Por qué? —preguntó el holandés.
—Porque, ÂżquiĂ©n impide al culpable, o a los culpables, fingir que acarician a la cabra, que le pasan la mano sobre el lomo, sin tocarla? Por lo menos ese juez hubiera debido hacerlo a plena luz, a fin de impedir toda supercherĂa. Pero en la sombra, es absurdo.
—En efecto —dijo Van Mitten.
—Asà voy a hacerlo —repuso Kerabán—, y os sugiero que sigáis mi ejemplo.
—Pero, tĂo —repuso Ahmet—, que se le acaricie o no, bien sabĂ©is que el animal balará tanto a los inocentes como a los culpables.
—Evidentemente, Ahmet; pero, puesto que ese buen juez es bastante simple para obrar de esa suerte, pretendo ser menos simple que él, y no tocar ese animal. Y os ruego que tampoco lo toquéis vosotros.
—¡Pero, tĂo…!
