Keraban el testarudo
Keraban el testarudo EN EL QUE KERABÁN, MÁS OBCECADO QUE NUNCA, SE LAS TIENE TIESAS CON LAS AUTORIDADES OTOMANAS
Por fin llegó el caidji y previno a Kerabán que su caique le aguardaba al pie de la escalera.
En las aguas del Bósforo y del Cuerno de Oro se cuentan los caidjis por millares, y sus barcas, movidas por dos remos y afectando la misma aguda forma, tanto en su proa como en su popa, con objeto de moverse en ambos sentidos, se asemejan a enormes patines construidos de planchas de haya o de ciprés, y esculpidos o pintados en su interior. Es realmente maravilloso ver cómo se deslizan sobre las aguas aquellas esbeltas embarcaciones, y cómo se cruzan y se adelantan unas a otras en aquel magnífico estrecho que separa el litoral de los dos continentes. La importante corporación de los caidjis se halla encargada de hacer el servicio desde el mar de Mármara hasta más allá del Castillo de Europa y del de Asia, que se dan frente hacia el Norte del Bósforo.
Los caidjis, que, por regla general son buena gente, van vestidos con un «burudjuk» especie de camisa de seda, un yeleck de vivos colores, salpicado de bordados de oro, y un calzón corto de algodón blanco; cubren su cabeza con el clásico fez; calzan sus pies con los consabidos yemenis y, por último, dejan al desnudo sus membrudos brazos y sus nervudas piernas.

