La casa de vapor
La casa de vapor El primer coche tenía una longitud de quince metros. En la parte anterior, su elegante baranda, sostenida por ligeras columnas, tenía un ancho balcón donde podían estar cómodamente diez personas. Dos ventanas y una puerta daban al salón, iluminado además por otras dos ventanas laterales. Este salón, amueblado con una mesa y una biblioteca y divanes blancos en toda su extensión, estaba artísticamente adornado y cubierto de ricas telas. Una espesa alfombra de Esmirna cubría el suelo, y transparentes de todas clases puestos delante de las ventanas y regados sin cesar de agua perfumada, mantenían en la estancia una frescura agradable, lo mismo que en los gabinetes que servían de alcobas. Del techo colgaba una punka que, mediante una correa de transmisión, se movía automáticamente durante la marcha del tren, haciendo aire como un gran abanico; y en los ratos de alto era movida por el brazo de un criado. Todas las precauciones eran necesarias para combatir el exceso de una temperatura que en ciertos meses del año se eleva a más de cuarenta y cinco grados centígrados a la sombra.