La casa de vapor
La casa de vapor AsÃ, pues, sir Edward Munro, Banks, el capitán Hod y yo en la primera casa; MacNeil, Storr, Kaluth, GumÃ, Fox y monsieur Parazard en la segunda, diez personas en total, componÃamos aquella expedición que se dirigÃa hacia el norte de la penÃnsula, remolcada por el Gigante de Acero. No hay que olvidar tampoco los dos perros, Fan y Black, cuyas grandes cualidades en la caza de pelo y de pluma sabÃa apreciar perfectamente su amo, el capitán.
El paÃs de Bengala es, quizá, si no la más curiosa, por lo menos la más rica de las presidencias del Indostán. No es, sin duda, el paÃs de los rajás propiamente dicho, que comprende más especialmente el centro de aquel vasto territorio; pero esta provincia se extiende por una comarca muy poblada que puede considerarse como el verdadero paÃs de los indios. Extiéndese, al norte, hasta las fronteras insuperables del Himalaya, y nuestro itinerario iba a permitirnos cortarlo oblicuamente.
Después de una discusión sostenida acerca de las primeras etapas, acordamos subir durante algunas leguas por la orilla del Hougli, que es un brazo del Ganges que pasa por Calcuta; dejar a la derecha la ciudad francesa de Chandernagor; desde allà seguir la lÃnea del ferrocarril hasta Burdwan y después torcer camino, atravesar el Behar y volver a encontrar el Ganges en Benarés.