La casa de vapor
La casa de vapor —No, señor —me respondió claramente—. Aunque no tengo ningún indicio en que fundar mi opinión, no creo, no puedo creer que Nana Sahib haya muerto sin haber sido castigado por tantos crÃmenes. No; y, sin embargo, no sé nada, no tengo ninguna noticia. Lo creo por instinto, porque ya es algo en la vida tener por fin principal una venganza legÃtima. ¡Haga el cielo que mis presentimientos no me engañen, y algún dÃa…!
El sargento no concluyó la frase, pero su gesto decÃa bien claro lo que su boca callaba. El servidor era el reflejo exacto del amo.
Cuando referà esta conversación a Banks y al capitán Hod, ambos estuvieron de acuerdo en que no debÃamos variar el itinerario. Por lo demás, nunca habÃan pensado en pasar por Cawnpore, sino que una vez atravesado el Ganges, en Benarés, debÃamos subir directamente hacia el norte, atravesando la parte oriental de los reinos de Oude y de Rohilkhande. No era seguro, por más que lo creyese MacNeil, que sir Edward Munro quisiera volver a ver Lucknow, o Cawnpore, que le recordarÃan escenas horribles; pero, en fin, si querÃa visitar estos sitios, no pensábamos contradecirle.