La casa de vapor

La casa de vapor

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Capítulo IX

La distancia existente entre Benarés y Allahabad es de unos 30 kilómetros. El camino sigue casi invariablemente la orilla derecha del Ganges, entre el ferrocarril y el río. Storr se había proporcionado carbón en ladrillos y había cargado de ellos el ténder; tenía, pues, el elefante su alimento asegurado para muchos días. Bien limpio, como si saliese del taller, esperaba impacientemente el momento de partir. No se movía, sin duda alguna, pero algunos estremecimientos de sus ruedas indicaban la presión del vapor que llenaba sus pulmones de acero.

Nuestro tren se puso en marcha al amanecer del 24 con una velocidad de 3 a 4 millas por hora.

La noche pasó sin incidentes y no volvimos a ver al bengalí.

Haremos aquí observar de una vez para siempre que el programa de cada día, que comprendía las horas de levantarse, desayunos, almuerzos, comidas y siesta, se cumplía con una exactitud militar. La vida en la «Casa de Vapor» corría tan ordenadamente como en el bungalow de Calcuta. El paisaje se modificaba incesantemente a nuestra vista, sin que, al parecer, se moviese la habitación; nos habíamos acostumbrado a esta vida como un pasajero a la vida de a bordo en un buque transatlántico, pero sin monotonía, porque no estábamos, como en un buque, siempre encerrados en un mismo horizonte de mar.


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