La casa de vapor
La casa de vapor Allí se encerraron lady Munro y su madre, y durante todo el tiempo del encierro la joven mostró una adhesión sin límites a sus compañeras de infortunio, cuidándolas por su propia mano, ayudándolas con su dinero, animándolas con su ejemplo y sus palabras, y demostrando ser una mujer heroica.
Poco después, el arsenal fue confiado a la guardia de los soldados de Nana Sahib.
Entonces el traidor desplegó el estandarte de la insurrección, y el 7 de junio los cipayos, excitados por él, atacaron el cuartel, que no contaba más que trescientos soldados útiles para defenderlo.
Sin embargo, aquellos valientes se defendieron contra la multitud de sus sitiadores; bajo una nube de proyectiles, desfallecidos por enfermedades de toda especie, muriendo de hambre y sed, sin víveres, porque las provisiones eran insuficientes, y sin agua, porque los pozos se secaron en breve.
Esta resistencia duró hasta el 27 de junio.
Nana Sahib propuso entonces una capitulación, que el general Wheeler cometió la falta imperdonable de aceptar, a pesar de las instancias de lady Munro, que le aconsejaba continuar la lucha sin claudicar.