La casa de vapor
La casa de vapor El coronel Munro permaneció largo rato inmóvil y silencioso delante de aquellas ruinas. A su mente se presentaban vivas en aquel momento las espantosas escenas de que habían sido teatro; después del bungalow, donde lady Munro había vivido feliz, el cuartel en que había padecido más de lo imaginable.
Le faltaba visitar el Bibi-Ghar, convertido en prisión por Nana Sahib, y donde se abría el pozo en cuyo fondo yacían confusamente las víctimas.
Cuando Banks vio al coronel dirigirse hacia aquel sitio, le tomó del brazo como para detenerle.
Sir Edward Munro le miró fijamente y, con voz trágicamente tranquila, le dijo:
—Vamos.
—Munro, yo te suplico…
—Si no vienes, iré solo.
No había medio de resistirse.
Nos dirigimos entonces hacia el Bibi-Ghar, al cual preceden jardines bien dispuestos y plantados de hermosos árboles.
Allí se levanta una columnata de estilo gótico y de forma octogonal, que rodea el sitio donde estaba el pozo, cuya boca se encuentra cerrada por un revestimiento de piedra. Este revestimiento forma una especie de zócalo que sostiene una estatua de mármol blanco, que representa el ángel de la compasión, y es una de las últimas obras debidas al cincel del escultor Marochetti.