La casa de vapor

La casa de vapor

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Lord Canning, gobernador general de la India durante la terrible insurrección de 1857, fue quien mandó levantar este monumento expiatorio construido según los planos del coronel de ingenieros Yule. Lord Canning quiso también pagarle de su propio peculio.

Delante de este pozo, en el cual las dos mujeres, madre e hija, después de ser heridas por los verdugos de Nana Sahib, habían sido arrojadas aún vivas quizá, sir Edward Munro no pudo contener sus lágrimas y cayó de rodillas sobre la piedra del monumento.

El sargento MacNeil, a su lado, lloraba en silencio.

Todos teníamos el corazón quebrantado, no pudiendo hacer nada para consolar aquel inmenso dolor y esperando que sir Edward Munro se serenase, después de haber derramado las últimas lágrimas que podían brotar de sus ojos.

El coronel Munro no pudo contener sus lágrimas y cayó de rodillas.

¡Ah, si hubiera sido de los primeros soldados del ejército real que entraron en Cawnpore y que penetraron en aquel Bibi-Ghar después de la matanza, hubiera muerto de dolor!

En efecto, uno de los oficiales del ejército inglés hace de aquella escena esta relación, copiada por monsieur Rousselet:


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