La casa de vapor
La casa de vapor Apenas entramos en Cawnpore, corrimos en busca de las pobres mujeres que sabíamos estaban en poder del infame Nana Sahib; pero pronto supimos la horrible matanza. Torturados por una terrible sed de venganza y comprendiendo los espantosos padecimientos que habían debido experimentar las desdichadas víctimas, sentíamos despertarse en nosotros extrañas y crueles ideas. Medio locos, corrimos hacia el triste lugar del martirio. La sangre coagulada, mezclada con restos informes de cadáveres, cubría el suelo de la habitación donde habían estado encerradas y nos llegaba hasta los tobillos. Largas trenzas de sedosos cabellos, jirones de vestidos, zapatillas de niños y juguetes cubrían aquel suelo empapado de sangre. Las paredes, manchadas también de sangre, presentaban las señales de la horrible agonía. Recogí estas líneas conmovedoras: «27 de junio hemos dejado los barcos… 7 de julio prisioneros de Nana Sahib… día fatal». Pero no eran estos los únicos horrores que teníamos que presenciar. Más horrible todavía fue la vista del pozo profundo y estrecho donde estaban hacinados confusamente los restos de aquellas desventuradas criaturas…